martes, noviembre 22, 2005
Mi contacto con los Menonitas
Es indudable el impacto de la religión en la obra de los hombres, especialmente de aquellas religiones que se practican sin recurrir a los "intermediarios" entre el ser y alguna deidad o concepto reconocido como Supremo. Cuando no hay una organización intermedia, con sus representantes, sus ritos, y sus gabelas, el ser humano entra en contacto directo con Dios y recibe sus bendiciones. Uno de esos casos son los Cuáqueros, también llamados Menonitas, o Amish. Los conocí en Pailón, donde tuvimos una estancia, y éramos vecinos de la Colonia Menonita Nueva Esperanza. Con el tiempo, uno de mis mejores amigos llegó a ser Daniel Giesbrecht y su familia. Muchas veces comí y dormí en su casa, y muchas veces intercambiamos ayudas entre su economía y la mía. Y muchas de esas noches tibias y olorosas de Santa Cruz las pasamos conversando de este mundo y el otro, envueltos en el olor a tierra húmeda y flamboyanes y el gritar de los grillos y las chicharras del monte.
La religión Cuáquera o Menonita es de origen europeo, pero se afincó en América. Es una rama del cristianismo, y busca practicarlo en sus raices fundamentales. No reconoce intermediarios entre Dios y el hombre, y cada ser humano es responsable por su evolución espiritual y su contacto con el Eterno. Sus ritos son mínimos, y se reducen a unos cánticos comunitarios y a la lectura de sus libros. Su agrupación tiene una organización muy plana, un Obispo (elegido por votación) y punto. Cada Colonia se conecta con las demás a través de los intereses particulares de sus miembros. Si bien son economías privadas, el concepto que reina es el trabajo duro y la solidaridad. Aquí conocemos sus manifestaciones agropecuarias, pero la religión también tiene adeptos en todos los rubros de la economía mundial (Rockefeller fué cuáquero, y muchos grandes banqueros y petroleros lo son).
Lo que caracteriza a este grupo es su manera de vivir y sus valores. Sus costumbres son espartanas, frugales, lejos de las tentaciones mundanas que conocemos, la máxima sencilléz es su característica. Pero esta aparente lejanía del mundo está demarcada por sus valores morales y espirituales, no por una valla erigida por alguna organización (como en la Colonia Dignidad, o como las iglesias tradicionales). Si bien conocemos sus vestimentas, sus carros tirados por caballos, sus casas sencillas y limpísimas, sus iglesias que son meros galpones muy ordenados y limpios, también tienen camionetas y viajan por el mundo. Son integrantes de la aldea mundial... pero la miran y viven de otra manera.
Su realización económica es impresionante. En Santa Cruz son responsables del 30% de la producción agropecuaria, en fincas individuales de no más de 50 has. cada una en promedio. En Paraguay he conocido Colonias Menonitas que incluyen hasta grandes fábricas de aceite vegetal, procesadoras de leche, quesos de todo tipo, y hasta metalmecánica. Su capacidad para manejar herramientas, máquinas, equipos, es legendaria: tractores movidos por aceite de girasol o gas licuado de garrafas lo demuestran (desde hace años, mucho antes de que llegara el concepto a estas tierras) y extractoras de agua profunda hechas con compresores de refrigeradores. La mayor cantidad de soja, girasol, maiz sale de sus tierras, y abastecen las ciudades con el queso "menonita", salado y áspero, adecuado para las comidas.
No es una religión proselitista, como la católica y las protestantes, que andan vendiendo bonos y acciones en las calles, y que en un tiempo vendieron indulgencias. Pese a que varias veces los acompañé en sus ritos dominicales, jamás les escuché decir "abraza nuestra fé". Me sentía bien con esa gente extraña, con su dialecto alemán bajo, con sus costumbres exóticas, con sus ropajes distintos, con sus carritos de caballos, con sus máquinas raras. Mi comunicación con ellos siempre fué formal y respetuosa, la más de las veces en inglés (un inglés gangoso, arrastrado, proveniente del Canadá, al que tuve que adaptarme con mi inglés de instituto). Varias navidades las pasamos juntos, en una mesa con velas en el patio, con villancicos cantados por esas voces rudas de campesinos, y regalos consistentes en frascos de mermeladas y dulces de frutas confitadas. Yo creo que Dios se ubicaba en una nube y miraba embelesado esas ceremonias "sin ceremonia", tal como a EL le gustan. Fué una linda etapa de mi vida, que murió cuando vendí al estancia (fundo) y me volví a la ciudad... a ganar plata. ¡Que huevadas hace uno en la vida!
Ahora, los encuentro muy de vez en cuando en la calle, pero el abrazo sigue siendo el mismo de fuerte. Aunque las canas peinan ambas cabezas y los ojos hablan de recuerdos.
La religión Cuáquera o Menonita es de origen europeo, pero se afincó en América. Es una rama del cristianismo, y busca practicarlo en sus raices fundamentales. No reconoce intermediarios entre Dios y el hombre, y cada ser humano es responsable por su evolución espiritual y su contacto con el Eterno. Sus ritos son mínimos, y se reducen a unos cánticos comunitarios y a la lectura de sus libros. Su agrupación tiene una organización muy plana, un Obispo (elegido por votación) y punto. Cada Colonia se conecta con las demás a través de los intereses particulares de sus miembros. Si bien son economías privadas, el concepto que reina es el trabajo duro y la solidaridad. Aquí conocemos sus manifestaciones agropecuarias, pero la religión también tiene adeptos en todos los rubros de la economía mundial (Rockefeller fué cuáquero, y muchos grandes banqueros y petroleros lo son).
Lo que caracteriza a este grupo es su manera de vivir y sus valores. Sus costumbres son espartanas, frugales, lejos de las tentaciones mundanas que conocemos, la máxima sencilléz es su característica. Pero esta aparente lejanía del mundo está demarcada por sus valores morales y espirituales, no por una valla erigida por alguna organización (como en la Colonia Dignidad, o como las iglesias tradicionales). Si bien conocemos sus vestimentas, sus carros tirados por caballos, sus casas sencillas y limpísimas, sus iglesias que son meros galpones muy ordenados y limpios, también tienen camionetas y viajan por el mundo. Son integrantes de la aldea mundial... pero la miran y viven de otra manera.
Su realización económica es impresionante. En Santa Cruz son responsables del 30% de la producción agropecuaria, en fincas individuales de no más de 50 has. cada una en promedio. En Paraguay he conocido Colonias Menonitas que incluyen hasta grandes fábricas de aceite vegetal, procesadoras de leche, quesos de todo tipo, y hasta metalmecánica. Su capacidad para manejar herramientas, máquinas, equipos, es legendaria: tractores movidos por aceite de girasol o gas licuado de garrafas lo demuestran (desde hace años, mucho antes de que llegara el concepto a estas tierras) y extractoras de agua profunda hechas con compresores de refrigeradores. La mayor cantidad de soja, girasol, maiz sale de sus tierras, y abastecen las ciudades con el queso "menonita", salado y áspero, adecuado para las comidas.
No es una religión proselitista, como la católica y las protestantes, que andan vendiendo bonos y acciones en las calles, y que en un tiempo vendieron indulgencias. Pese a que varias veces los acompañé en sus ritos dominicales, jamás les escuché decir "abraza nuestra fé". Me sentía bien con esa gente extraña, con su dialecto alemán bajo, con sus costumbres exóticas, con sus ropajes distintos, con sus carritos de caballos, con sus máquinas raras. Mi comunicación con ellos siempre fué formal y respetuosa, la más de las veces en inglés (un inglés gangoso, arrastrado, proveniente del Canadá, al que tuve que adaptarme con mi inglés de instituto). Varias navidades las pasamos juntos, en una mesa con velas en el patio, con villancicos cantados por esas voces rudas de campesinos, y regalos consistentes en frascos de mermeladas y dulces de frutas confitadas. Yo creo que Dios se ubicaba en una nube y miraba embelesado esas ceremonias "sin ceremonia", tal como a EL le gustan. Fué una linda etapa de mi vida, que murió cuando vendí al estancia (fundo) y me volví a la ciudad... a ganar plata. ¡Que huevadas hace uno en la vida!
Ahora, los encuentro muy de vez en cuando en la calle, pero el abrazo sigue siendo el mismo de fuerte. Aunque las canas peinan ambas cabezas y los ojos hablan de recuerdos.
Comments:
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Simplemente impresionante...no sabía de esta religion.
Tal vez daria para un buen post el porque vendio la estancia y se fue a la ciudad...como la Carmela de San Rosendo.
Atte.
Tal vez daria para un buen post el porque vendio la estancia y se fue a la ciudad...como la Carmela de San Rosendo.
Atte.
Interesantísima historia, yo dabia de que los cuaqueros (que creo son parecidos a los menonitas) en las 13 colonias de USA eran los únicos blancos en los que los indígenas confiaban plenamente, eso me llamo mucho la atención, pues se cuenta que eran muy respetuosos de los aborígenes y que tenían un trato igualitario con ellos, de hecho, los tratados de las colonias con esos pueblos los firmaban los cuaqueros. Bueno, asi que lo que cuentas me resulta fascinantes, es realmente apreciable que haya gente que siga viviendo la religión de una forma vital y vívida, más allá de dogmatismos irreleventes y proselitismos agobiantes, sino que en la práctica, prediacndo con el ejemplo, por así decirlo, imagínate, no dicen ni una palabra, como tú dices, y te dejan sorprendido, dan ganas de ser uno de ellos, o al menos de integrarse unos días en sus vidas. Eso, que estes bien y adios.
Butsudo
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